Un nuevo comienzo con Caiño Blanco

¿Cómo puede una imagen provocar sentimientos tan encontrados?: alegría, satisfacción y al mismo tiempo tristeza, descontento.

Cuando veo este viñedo joven de Caiño blanco recuerdo el Albariño adulto que el año pasado ocupaba su lugar, ¡Cuanto disfrutamos de él!, ¡con que excelentes vinos nos obsequió durante estos años! Pero todo tiene su principio y su final. Cuando las enfermedades avanzan más y más, las plantas van muriendo y la calidad de la uva menguando, debemos tomar decisiones que, aunque resulten dolorosas (aquí entra el sentimiento de tristeza) tenemos que afrontar, y no hay mejor manera de hacerlo que recurriendo al otro sentimiento, el de alegría; alegría por sustituir una muy buena variedad como es el Albariño por otra extraordinaria, el Caiño blanco. Satisfacción por ver como a pesar de su juventud, enraíza y se asienta en estos espléndidos suelos de esquisto, crece y se adapta tan bien que parecen llevar en esta parcela toda la vida, que este era su sitio.

Ahora solo nos queda podarlo, darle forma, mimarlo y con paciencia, esperar a que comience a darnos su excelente fruto y de alguna manera, por medio de sus vinos, nos haga olvidar al viejo Albariño que habitaba su terreno.

 

 

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